miércoles, 23 de enero de 2008

Gregory...

No, aunque lo parezco hoy no voy a seguir con el calendario gregoriano ni con Gregorio XIII. Voy a empezar hablando del miércoles, cuando debería hablar del martes. Pero es que me ha jodido que me quiten House, este es el Gregory del que hablo, en versión original subtitulada. Mi placebo del inicio del miércoles. Y es que me encanta ese personaje. Es un hijo puta, pero es que es tan tierno. Si en el fondo lo único que le pasa es que es un incomprendido, que me pregunto que parte de autobiográfico tendrá el personaje del guionista. Porque el guionista si que tiene que ser un cacho de cabrón de mucho cuidado. Además de que las mujeres que le rodean tienen un atractivo increíble. Tanto Cameron, como Cuddy o la nueva 13. En fin, aunque él sea infeliz le envidio.

Respecto al martes, fue un día bueno. Volvió mi padre de la tamborrada de San Sebastian, nada más acabé la entrada anterior, previo paso por La France. Y me trajo una barra de foie de un kilo, dos tarrinas de rilletes, un vinito francés y no se que plato de pato que seguro esta bueno. Después de dormir acabé un puñetero trabajo de la uni que me tenia más jodido que a Tarzan en el desierto. Y para concluir el día me he reconciliado con una gran amiga. Todo esto con una cefalea galopante que no ha conseguido arruinarme el día. Pero es que el señor Ibuprofeno tiene muchas cosas buenas que darnos.

Me siento inspirado, así que hoy voy a dejar los temas seudocientíficos para hablar de algo humano: La felicidad. Y es que mi maravillosa universidad, en colaboración con el banco Santander, me han regalado "El arte de la felicidad" de Schopenhauer. No se porque digo en colaboración porque por desgracia la mayoría de instituciones públicas de enseñanza superior están controladas por bancos, pero ese tema ya lo tocare cuando me ponga al día con el tratado de Bolonia. Respecto al libro todavía no me lo he leído, pero me fascina como somos capaces de ser felices cuando un océano se nos viene encima y dejamos de serlo mientras nos ahogamos en un vaso de agua. Hoy por ejemplo, sabía que la universidad repartía ese libro. Tanto que ha compañeros míos ya les había llegado, pero ha sido llegarme a mí y me he sentido alguien importante. Y eso a pesar que tengo demasiadas preocupaciones en la cabeza entre familiares y estudios. Pero creo que tenemos un don. Ese don es ser capaces de evadirnos de la realidad e interpretarla como nos venga en gana. Esto nos permite crear las maravillas más inimaginables y las aberraciones más aterradoras. Llegados a este punto he de decir que soy feliz por si alguien no lo había notado. Y no es que tenga una vida magnifica donde no tenga que preocuparme por nada, tampoco me falta de nada. Pero simplemente soy feliz por ser feliz.

Esto me ha recordado a otro cosa que vi ayer. Mientras andaba perdido por la red, encontré un blog donde se exponían las fotos de un artista que representaban maquinas "absurdas" para suicidarse. Lo que más me chocó fueron los comentarios siguientes a esa entrada. La mayor parte eran del tipo: "me voy a suicidad, ciao"; "alguien sabe como suicidarse sin dolor?"; "te puedes tomar X mg de tal o cual tranquilizante"; etc. Me he quedado loco. Con esto no quiero demonizar el suicidio, el que quiera que lo haga. ¿Pero cómo se llega a esos extremos? Es un tema peliagudo y algún día tenia que explayarme sobre él. Realmente yo sigo una conducta suicida. Machaco mis pulmones a base de tabaco y otras drogas (por suerte estas últimas son sólo esporádicamente), destrozo mi hígado a base de grasas (que bueno esta el foie) y alcohol (como me rió borracho). Realmente creó estar llegando a la conclusión de que la capacidad de reinterpretar la realidad es la que nos permite hacer estas cosas. Me estoy extendiendo mucho, así que me quejaré de los que quieren morir sin dolor. Iros a la mierda, tan sólo vais a morir una vez por lo que al menos descubrid que se siente. Como dijó Aldous Huxley: "un momento tan importante como la muerte nunca debe ser afrontado bajo el estupor proporcionado por los sedantes, sino bajo la claridad de los psicodélicos". Lo dijó él que murió con 100 microgramos de LSD en las venas. Por cierto y en relación con lo de antes, este tío escribió "Un mundo feliz".

Sed felices y no os muráis/suicidéis de momento, que yo os voy a seguir escribiendo. (Ya van dos días seguidos, a ver cuanto aguanto.)